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05 diciembre 2014

BILINGUISMO II

La 2ª parte del artículo sobre el bilingüismo.

PILAR ALVAREZ - MADRID

El mejor momento para aprender un idioma

Cuanto antes mejor. Los investigadores del Instituto de Aprendizaje y Ciencias del Cerebro de la Universidad de Washington, Patricia K. Khul y Andrew N. Meltzofr, lo tienen claro. El cerebro de un niño de cero a siete años “se adapta fácilmente a cualquier innovación”. “A esa edad puede notar sin problema si su abuela habla un tercer idioma y adquirirlo de forma natural”, explica Meltzofr. “Si vas de visita con tus hijos a otro país, es probable que ellos  vuelvan sabiendo varias palabras relacionadas con el fútbol después de jugar un partido con otros niños, mientras que tú no pilles nada compartiendo el tiempo con sus padres”, añade. 
Entre ocho y 18 años de edad, según estos expertos, el aprendizaje se vuelve “más académico y lento”. A partir de entonces, el reto se complica. “Si está leyendo esto y ya es adulto, es demasiado tarde para usted”, ironiza Meltzofr. 
Nunca es tarde para aprender otra lengua”, considera, por contra, la profesora Viorica Marian, de la Universidad de Northwestern. Ella creció hablando rumano y ruso, su tercera lengua es inglés y tiene nociones básicas de español, francés y holandés. Esta investigadora admite las ventajas de adquirir una segunda lengua de niño, como “la posibilidad de sonar como un hablante nativo sin acento extranjero”, pero defiende que el dominio de otro idioma “puede llegar a cualquier edad” y mejorar el control de la función de inhibición del cerebro en apenas unos meses.
Cuanto más oxígeno o sangre fluye a una región, más esfuerzo realiza esa parte del cerebro. Los que solo hablan un idioma tenían más activadas las regiones de control de inhibiciones del cerebro que los bilingües, es decir, “trabajan más duro para encontrar las respuestas”, añade Viorica Marian, autora principal del estudio publicado en la revista Brain and Language.
¿Qué efectos tiene que el cerebro funcione de uno u otro modo? Según las conclusiones del equipo de la profesora Marian, los niños bilingües, por ejemplo, desechan “con más facilidad” el ruido en la clase para concentrarse en la lección. “Si estás conduciendo u operando en un quirófano es importante enfocarte en lo que realmente importa e ignorar lo que no”, añade.
El equipo de trabajo de Seattle, incluye investigadores postgraduados que analizan el aprendizaje y el comportamiento del cerebro de sus propios hijos, que son bilingües de inglés combinado con diferentes idiomas.“El cerebro de una persona que habla dos lenguas es mucho más flexible, enfrenta situaciones más complejas por lo que busca mejor las soluciones y acaba resultando mucho más ágil”, explicaba Patricia K. Khul, que estuvo en España con Meltzofr a finales de septiembre y visitó la red de colegios bilingües de la Comunidad de Madrid.
Meltzofr y Khul han presentado ya sus investigaciones en el Congreso de los Estados Unidos. Sus conclusiones “sirvieron para tranquilizar a la sociedad frente al temor bastante extendido que un alumno que crece entre dos idiomas perjudica la lengua materna y el aprendizaje de otras materias”, según Andrew N. Meltzofr.
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